Elsa Cahuasa: empoderando a la mujer

Elsa Cahuasa Peaz nació en la comunidad nativa de Bajo Naranjillo, del distrito de Awajún, provincia de Rioja, en la Región de San Martín. Realizó sus estudios primarios en la misma comunidad donde nació, sin embargo se fue a Moyobamba para continuar sus estudios secundarios y su carrera como pedagoga.

A sus 42 años, ha impactado tremendamente en su comunidad, gracias a su labor como Jueza de Paz, superando diferentes barreras que se le han presentado por su condición de mujer y ganándose el respeto y reconocimiento de su comunidad, impartiendo justicia en su lengua originaria. Elsa es una extraordinaria madre de 4 hijos y vive plenamente tanto su vida familiar como laboral.

PazAtiempo: ¿En qué año empezaste a ejercer tu labor como Jueza de Paz?

E.C.:  Asumo esta responsabilidad  el 2 de abril del 2013,  juramenté en el distrito de Awajún. Durante el proceso, los jefes de las comunidades presentan sus propuestas de los candidatos ciudadanos indígenas  para jueces de paz. En las elecciones quedé en segundo lugar, en primer lugar quedó  el profesor Virgilio Entsacua, pero él pidió licencia y ahí es donde yo pasé a ocupar el cargo de Jueza de Paz Titular.

P.: ¿Cuáles son las actividades que desarrollas como Jueza de Paz?

E.C.: Para comunidades nativas del distrito se trabaja fundamentalmente  de acuerdo al Derecho Consuetudinario establecido por la Constitución Política para los Pueblos indígenas Art. 149. Los problemas que más se presentan están relacionados con violencia familiar, homicidio, problemas de arriendo, constancias, certificaciones; los más fuertes suelen ser los de arriendo. En el año 2013, cuando recién asumí el cargo, los problemas más fuertes en la comunidad, fueron los enfrentamientos entre hermanos, tuve que intervenir directamente con los familiares, para evitar las agresiones, establecer diálogos y conciliaciones. A pesar de todo han habido muertes, agresiones físicas, en algunos casos  tuvo que intervenir la fiscalía y en pleno enfrentamiento, yo tenía que ponerme en el medio de las familias que se disputaban entre la vida y la muerte para poder ayudarlos. Ahí empezó a haber más diálogo, más conciliación entre las mismas familias. Ese problema ha sido muy fuerte dentro de la comunidad, ha habido muertes.

P.: ¿Qué limitaciones has encontrado para realizar tu trabajo?

E.C.:  No se cuenta con presupuesto para una implementación logística de la oficina. Ni una computadora, impresora, teléfono, internet.

P.: ¿Recuerdas algún caso que te haya marcado?

E.C.: Una nativa se enamora del que arrendaba la propiedad de su padre. Cuando el padre se entera, se molesta mucho con la chica y con el arrendatario y decide quitarle las 2 hectáreas de terreno que el chico había arrendado.

Tuve que citar a los 3 involucrados (padre, hija y pretendiente) para solucionar, el problema, el joven se presentaba a las citaciones, pero el padre de la chica no.  Tuve que viajar hasta la comunidad para conversar con el padre, no se pudo en un principio. Luego de mucha insistencia y buscando solucionar el problema, pude hablar con el padre de la chica y explicarle que en las conversaciones que había tenido con el joven, él me había explicado que quería casarse con su hija, pero él se oponía. Hacerle entrar en razón, me tomó como 4 meses y finalmente, el padre comprendió y se arregló el problema, fue un caso que tomó bastante tiempo y esfuerzo.

P.: ¿Cuál es la mayor satisfacción de tu trabajo como Jueza de Paz?

E.C.: Para atender los problemas y darle solución muchos de los interesados, muchos  vienen desde muy lejos, hay buscar la solución en corto tiempo. Por ejemplo, si presentan hoy un caso, en 3 días estamos dándole solución. Es la alegría que me da porque solucionamos de inmediato y la gente sabe eso, vienen seguros de que vamos a solucionar y rápido. Yo creo que la labor como juez de paz depende de la persona que la ejerce, cómo quiere trabajar y demostrar a la comunidad que se manejan las cosas. Es importante que conversemos tanto con las autoridades como con la población, buscar solucionar los problemas, no dejar que se acumulen, sino dialogar con ellos.

P.: La labor de juez de paz no es fácil, ¿por qué quisiste ser Jueza de Paz?

E.C.: Soy una  persona con cierta experiencia, con disposición de hacer cualquier trabajo que se presente, deseo hacer justicia. Las comunidades, anexos y caseríos quedan lejos, los interesados  me buscan y me dicen “hay este problema”, solicitan que me traslade hasta el lugar de los hechos, yo hago lo posible; busco la manera de llegar a esos sitios y dar solución, para que esa persona viva en paz, tenga tranquilidad.

En el momento en que llega la autoridad ellos se sienten tranquilos. Hago este trabajo porque me siento comprometida a estar presente y solucionar sus problemas.

Se sienten seguros y tranquilos, hay que tener mucha dedicación, puede no haber presupuesto pero si deseos para llevar paz a las familias.

P.: ¿Tu condición como mujer resalta la labor que haces o es un impedimento?

E.C.: Dentro de la comunidad, existen prácticas de discriminación, marginación y machismo, no ven bien que una mujer asuma un cargo público, político o administrativo, es propio de la cultura no sólo indígena; en mi caso cuando asumí la responsabilidad de Jueza choqué con algunas autoridades, pero tuve paciencia y yo misma me decía, “soy mujer y tengo que demostrar lo que soy, voy a salir adelante”. Poco a poco las cosas han ido cambiando, hasta el punto que hemos llegado a tener bastante diálogo con la población indígena y mestiza, ahora la gente me respeta, me busca y confía en lo que yo les digo, sin importar si soy mujer.

Sé como manejar la situación, defenderme y defender a las mujeres para que puedan demostrar su capacidad, que no se dejen menospreciar.

P.: ¿Tienes familia?

E.C.: Si, tengo mi familia, me casé en el año 1996 y con mi esposo hemos tenido 4 hijos. Mis hijos tienen la primera 17 años, el segundo 15, el tercero 12 y el último 6 años.

P.: ¿Tienes tiempo para tu familia y trabajo?

E.C.: Como madre y educadora he aprendido que sin descuidar a los hijos,  a la familia y hay voluntad para adquirir nuevas experiencias y compromisos, hay que organizarse, distribuir el tiempo, para cumplir con el trabajo asumido.

P.: ¿Cómo se siente tu familia de que seas Jueza de Paz?

E.C.: Mi familia reconoce el esfuerzo que realizo, está contenta, alegre, lo más importante que cuento con el apoyo para las tareas domésticas.

Mi padre está feliz porque dentro de la comunidad soy la única mujer como autoridad, la única mujer que representa al Distrito de Awajún, soy un orgullo para mi familia.

P.: ¿Qué cambiarías en tu comunidad para que sea mejor?

E.C.: Buscar cambios de actitudes en los hombres y autoridades para superar criterios de género. Que las autoridades sean capacitación para asumir cargos, buscando el desarrollo integral de la comunidad y mejores niveles de vida, conozcan y defiendan los derechos colectivos de los pueblos indígenas. No por intereses de grupo o personales. Sería interesante capacitar en valores humanos, respeto y reconocimiento a las mujeres. Que los hombres sepan que las mujeres pueden liderar una comunidad o un pueblo con la misma capacidad que los varones.

P.: ¿Cómo es el Perú que quieres para tus hijos?

E.C.: Un país que demuestre y practique la democracia social, política, económica, con inclusión social real y sin discriminación con derechos iguales para todos en educación y salud fundamentalmente, que se garantice la paz la seguridad, tranquilidad y armonía, donde se solucionen los problemas de los más pobres y marginados.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*